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Agresividad y mala educación. ¿Adónde vamos?

El otro día me quedé sorprendido al leer el inesperado título de un artículo de Sarah Moreno, “Agresividad en el tráfico, gritos y mal servicio. ¿Se ahoga Miami en la mala educación?” publicado en “El Nuevo Herald” de Miami. Inesperado, porque creemos que estos problemas solo se presentan en las sociedades tercermundistas, donde el irrespeto a las leyes es ancestral y la única carta de juego que siempre gana es la “viveza criolla”. Pero no, en este caso, la denuncia de la periodista se refería a lo que está sucediendo actualmente en Miami. ¡Adiós entonces al consuelo de que la gente maneja pésimo aquí, pero cuando van a EE.UU. y a Miami, uno de los principales destinos de llegada para los sudamericanos, sucede un milagro: todos se vuelven respetuosos de la ley, no por virtud, sino por miedo a que allá la justicia opere como debe ser!

¿Qué problemas le preocupan a Sarah Moreno? Son varios y algunos los vivimos nosotros también de cerca, demasiado cerca. La lista es larga: descortesía y agresividad de los conductores e ignorancia de las leyes de tránsito; mala atención de empleadas y cajeras que en vez de brindar atención al cliente, lo hacen esperar hasta que terminen de conversar; vecinos que sacan a pasear sus mascotas y no recogen sus desperdicios en los parques o en las calles; personas que usan los celulares durante conciertos, molesta a los que están alrededor y encima se enojan si se les dice que apaguen; gente que pone a todo volumen la música que escucha como si los demás tuvieran la obligación de oír lo que no les gusta, todo esto, podría ser una síntesis apretada.

El artículo no se queda en la mera queja, sino que además, pretende entender estos fenómenos. Recoge opiniones de periodistas de opinión y profesionales de las ciencias sociales. Ismael Cala, por ejemplo, señala que la impaciencia es una de las claves que explica por qué las personas responden a situaciones estresantes sin usar la inteligencia emocional.

“El mal uso de la tecnología ha hecho a las personas más impacientes…Tienen la ilusión de que todo se tiene que conseguir rápido”.

La sicóloga Yusimi Sijó, añade que otra de las claves es la falta de tiempo, resultado de las distancias que hay que recorrer y sobre todo de las congestiones de tráfico. Los choferes de Miami, cita Sarah Moreno, pasan un promedio de 65 horas al año en dichas congestiones. La falta de tiempo por las distancias y las congestiones afecta el entorno familiar donde es cada vez más difícil que los padres tengan espacios vitales para educar a sus hijos en valores de convivencia ciudadana concreta.

Precisamente, una de las recomendaciones que plantearon los ex ministros de educación, en un reciente evento académico, celebrado en nuestra universidad, convocado por la Comisión de Educación de la Asamblea Nacional para la discusión de las reformas a la Ley Orgánica de Educación Intercultural (LOEI), fue precisamente insistir en la importancia de un mayor rol y control de los padres y a la vez la educación en valores, cívica e historia nacional. Este rol y control de los padres es en casa, tanto en principios como con ejemplos concretos. Una pregunta del Evangelio ilustra la cuestión: “¿De qué sirve al hombre ganar el mundo si al fin pierde su alma?” (Mc.8, 36).

De nuevo vuelve el tema de la Ética a colocarse en un primer lugar, que en realidad siempre ha tenido, en la formación, tanto en el colegio como en la universidad. La ética no es una “materia de relleno”, como a veces se dice equivocadamente. La gran crisis que atraviesan países como Brasil, Argentina, Ecuador y no se diga Venezuela, es la falta de una cultura ética en donde la corrupción y la violencia no tengan ningún justificativo. Los temas éticos son centrales para el convivir ciudadano. Resulta alarmante que ante los graves hechos de corrupción que se denuncian cada día, no se produzca una conciencia social de repudio a estas prácticas, como si la riqueza mal habida y los fondos que dejaron de utilizarse para los fines para los que estaban destinados, no afectaran a personas con nombre y apellido, muchas de ellas enfermas que no pueden recibir medicinas y atención por falta de presupuesto. O esos robos a los fondos públicos no disminuyeran la calidad de vida. La cuenta que hay que pagar por las vivezas criollas no es un chiste: a cada uno nos toca pagarlas, sea en impuestos, sea en aranceles, sea en inflación, o por la faltas de infraestructura.

Los problemas del tráfico a la que hace alusión la periodista de “El Heraldo de Miami”, junto con el irrespeto a los demás, no tienen por desgracia solución inmediata. Pueden y deben atenuarse pero no consiguen resultados definitivos sin concientización y educación. Las leyes de tránsito se han hecho más fuertes y las multas mayores. Sin embargo, no hay semana que no nos entristezcan con lúgubres noticias de accidentes de tránsito donde mueren 10, 20 y hasta 30 personas, al mismo tiempo y por las mismas causas: la falta de respeto a esas normas. Desprecio por el prójimo que termina atentando contra su vida.

La ética está relacionada directamente con el respeto a las demás personas. La filosofía moderna explica la fundamentación del pacto social que permite a las personas convivir sin destruirse y constituirse a las sociedades, en el reconocimiento que toda conciencia debe recibir de otra y a su vez, otorgarlo. Es el tema del capítulo IV de la “Fenomenología del Espíritu” de Hegel que desplazó situar dicho fundamento en el miedo como pensó Hobbes o en el hambre como señaló Locke.

La mala educación y la agresividad son problemas globales que, como tales, deben ser afrontados en el hogar, en colegios y universidades, como condición indispensable para vivir con calidad.  Hacia allá debemos ir.

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