UEES

Kant en la UEES

Un grupo de inquietos estudiantes de la universidad me manifestaron, hace pocas semanas, su interés en leer uno de los libros principales del filósofo alemán Immanuel Kant, la “Crítica de la razón pura”. El propósito me pareció un importante desafío intelectual y un síntoma de que la juventud busca el pensamiento filosófico como una manera de entenderse a sí misma y de tratar de entender el mundo. Ir más allá. Por supuesto, la “Crítica de la razón pura” no es un libro fácil. Supone rigor y método, pero creo que al elegirlo, los estudiantes precisamente estaban indicando que querían un texto de esas características que les permitiese tener la experiencia del pensamiento como tal, y no divagaciones o generalidades, mucho menos información anecdótica que se puede encontrar fácilmente a mano. De ahí el compromiso de reunirnos cada semana, para comentar una parte del texto. El único requisito: leer lo acordado para cada sesión, pese a las posibles dificultades con las que se podrían encontrar.  Con la filosofía sucede lo mismo que con la natación: si se da vueltas a la piscina hablando de lo que es nadar, nunca se sabrá hacerlo. Hay que lanzarse al agua. Algo similar sucede con la filosofía. Como el propio Kant dijo alguna vez: “No se aprende filosofía; se aprende a filosofar”.

Conversaciones sobre Kant

Esto supuesto, la pregunta inmediata es: ¿con cuál edición de la “Crítica de la razón pura” trabajar? Desde la actitud ingenua, previa al quehacer filosófico, esta pregunta parece ser un detalle sin mayor importancia.  Para el que se asoma a la filosofía, no existen diferencias en las ediciones ni hay que tomar en cuenta la diversidad de las traducciones.  Se piensa, ingenuamente, insisto, que “Kant” estaría al alcance de la mano, disponible para quien quiera leerlo.  Esta ingenuidad, sin embargo, no es tan simple; supone ya una visión de lo que es la filosofía: una tarea de autodidactas a los que les gusta leer. Es el filósofo entendido como el sabio solitario, que como el Fausto de Goethe”, reflexiona en la soledad de su estudio sobre los grandes principios del pensamiento, pero se siente frustrado por haberse alejado de la vida. Nada más lejano a la tradición filosófica.

Desde el comienzo de la filosofía occidental, Sócrates, en los diálogos platónicos discute en grupo, sobre los problemas del pensamiento. La filosofía surge desde su matriz griega como intercambio de opiniones, como “polémica”, como diálogo. Y la labor de Sócrates, al discutir con sus interlocutores, el significado de los conceptos que se pretende esclarecer, equivale para nosotros en esta primera etapa, a preguntarnos por el texto que mejor nos acerque al pensamiento que pretendemos entender.   

Entre Kant y nosotros hay, sin embargo, una cesura: hay una diferencia de épocas, por decir lo menos.  En otra conversación o curso sobre la Hermenéutica se podría analizarse por qué existe esta cesura. Baste por el momento señalar algunas cuestiones que ratifican la necesidad de un acercamiento cuidadoso, crítico, “hermenéutico” a los textos filosóficos, y en este caso, a la obra de Kant que estamos considerando.

Ciertamente, el filósofo alemán es un pensador de prestigio universal, presente actualmente en los debates sobre filosofía política y moral.  Su concepto de la filosofía como trascendental, sigue estando vigente. Pero más allá de estas consideraciones que se pueden encontrar fácilmente en cualquier texto divulgativo de su obra, lo que nos interesa para la lectura de la “Crítica de la razón pura” es comenzar señalando algunas diferencias de su situación teórica con nuestra posición en la cultura (digo “posición” en el sentido de estar situado y no como toma de decisión o juicio de valor sobre determinada cuestión). 

Kant es un pensador de finales del siglo XVIII y comienzos del XIX en una Europa estremecida por la Revolución Francesa. Es un protestante pietista, afectado intelectualmente por dos grandes sucesos teóricos: la formulación de la ley de la gravedad por Newton y el descubrimiento de la interioridad moral en Rousseau. Pero además, cuestionado en su concepto de filosofía, precisamente en los diez años anteriores a los que apareció la primera edición de la “Crítica de la razón pura”, por el planteamiento empirista (“escéptico”, lo llamaba el filósofo alemán) de David Hume, sobre todo el que aparece formulado en la “Investigación sobre el entendimiento humano” de 1748.

Como se ve, y pese a vivir toda su vida en la pequeña ciudad de Könisberg sin salir de ella, Kant estaba al día de lo que estaba pasando no solo en la filosofía sino en las ciencias naturales y sociales aunque esta denominación no existía en esa época. Por ello, podía plantear como se verá en el texto lo que hoy llamamos “el estado de la cuestión” de los diferentes saberes.  No estaba encerrado en la especialización de su saber ni cerrado a los planteamientos de los otros saberes, incluso, aquellos que cuestionaban su pensamiento original.  

Hechas estas aclaraciones, volvamos de nuevo a la edición que consideramos la más adecuada para estas conversaciones sobre la “Crítica de la razón pura”. En español, existen a la mano tres ediciones actualmente. La primera, la más antigua, es la de José Rovira Armengol para editorial Losada de Buenos Aires, que recogía a su vez las traducciones incompletas de José del Perojo y de Manuel García Morente. Esta edición estuvo vigente durante varias décadas del siglo XX: fue con la que trabajé, en mi época de alumno de la carrera de filosofía, la “Crítica de la razón pura”. Nuestro profesor de Crítica del conocimiento nos puso a los estudiantes de mi curso, como tarea del semestre académico, leer completa esta obra de Kant y exponer por grupos las secciones que les fuesen asignadas.  Para exponerla era necesario, por supuesto, haber leído las anteriores y también, para una mejor exposición, las posteriores. ….Así que en la práctica tuvimos cada uno que leerla entera. En realidad, era emocionante leer “directamente”, por lo menos así lo creíamos, una de las mayores obras de la filosofía occidental, de tanta vigencia en las discusiones actuales sobre el destino de la misma. Por mi parte, me ayudé con la edición francesa de la “Crítica de la razón pura”, publicada por “Presses Universitaires de France”, en la colección dirigida por Félix Alcan, una traducción recomendada por uno de nuestros profesores, cuando le consulté en qué otro idioma podía leer simultáneamente la  Crítica.    

En la traducción de Rovira Armengol encontramos dos problemas: la complejidad en el manejo de las dos ediciones de la “Crítica” ya que la primera aparece en notas de pie de página. Pero además por la ausencia de la citación de ambas ediciones, de acuerdo a lo establecido por la edición de la Real Academia Prusiana de las Ciencias: las famosas A y B que se refieren a la edición de 1781 y de 1787 respectivamente y que simplifican el trabajo de análisis y de citación.      

La edición de Mario Caimi tiene varias ventajas aparte de resolver los problemas arriba mencionados. Es bilingüe y aunque alguien pudiera alegar que esto es no aporta mucho si no se sabe alemán, es indispensable fijar y diferenciar como Kant lo hace en su idioma original, los conceptos centrales de su obra. Basta con referirnos a la crucial diferencia entre “Verstand” (“Entendimiento”) y “Vernunft” (“Razón”); Objeto como “Gegenstand” y como “Objekt”; Realidad como “”Wirklichkeit” o “Realität” y otros tantos conceptos. No en balde Caimi añade al final de la edición bilingüe, una “Tabla de correspondencias de traducción de términos” y sobre todo, un “Índice temático” donde los conceptos fundamentales de Kant son brevemente explicados y ubicados en su obra aparte de su formulación originaria en alemán: es el caso de “Categorías” de tanta importancia para la deducción trascendental del conocimiento. Las notas a la traducción constituyen un beneficioso aporte para la comprensión del texto.

La filosofía de Kant se inscribe dentro de lo que se conoce como la “Ilustración”, “La edad de la Crítica” o la Modernidad. Aunque ambos términos no son idénticos, responden a la problemática de encontrar por la vía racional, un fundamento a la sociedad que se está construyendo y que ha pasado del Antiguo Régimen a la modernidad. Si bien es cierto, la pretensión explícita de Kant al iniciar el Prólogo a la primera edición de la “Crítica de la razón pura”, es tratar de encontrar una clave al problema de las preguntas que la razón humana se plantea inevitablemente, pero para las cuales no encuentra respuesta.

El problema va más allá de los ámbitos de la Metafísica, pese a su dignidad de “ciencia que contiene los primeros principios con los que se rige el entendimiento humano”. La razón es la que debe dar cuenta de la unidad perdida en la Modernidad que como tal, solo puede fundamentarse a partir de sí misma. En este sentido, la “Crítica de la razón pura” es una autoreflexión de la filosofía al cobrar conciencia de su actualidad en el tiempo.

Seguiremos más adelante.      

1 Comment

  • Luisa Roccatagliata

    El blog del Rector.
    Hermosa la lectura que he realizado del tema Kant en la UEES by Joaquín Hernández Alvarado sobre «Crítica de la razón. Filosofía de la buena.

    El horario de la invitación.
    Fuera de mi control.
    Otra vez será. Gracias mil gracias. Por la publicación.

    Reply

Deja una respuesta