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“Pasiones de juventud”, una lectura

Todo libro puede leerse de múltiples maneras. “Pasiones de juventud” de Alberto Acosta-Burneo, coeditado por la UEES y Paradiso Editores y presentado esta semana en la universidad nos presenta los años de juventud del que sería cinco veces presidente de la República, José María Velasco Ibarra y un “affaire” amoroso que produjo una conmoción familiar y un dolor enorme para el joven próximo a graduarse de abogado. Enmarcado en los primeros veinte años del siglo pasado, el libro nos trae más que recuerdos biográficos o documentos de la familia, una incógnita: ¿quién fue en realidad José María Velasco Ibarra? Lo advirtió nada menos que Monseñor Federico González Suárez a cuya tertulia asistía con jóvenes que formaban la nueva intelectualidad conservadora de la época: Jacinto Jijón y Caamaño, Luis Felipe Borja, José Roberto Paéz, entre otros: “es un candado de clave cuya combinación se ha perdido”…..

Se conocía muy poco de los años de juventud y formación de Velasco. Los estudios serios como el de Carlos De La Torre Espinosa (“La seducción velasquista”,1993) o los investigadores del populismo no consideran esta etapa por razones metodológicas. La ideología marxista de buena parte de nuestra intelectualidad ha contribuido, bajo el aluvión de sus categorías ad hoc a malentender el significado de la presencia de Velasco en el país. La magnífica biografía de Robert Norris (“El gran ausente. Biografía de Velasco Ibarra.”, 1993) se ocupa brevemente en el primer capítulo de la juventud del héroe. En el tercer capítulo aporta una advertencia de José Vasconcelos sobre las contradicciones intelectuales de Velasco cuando coincidieron en Paris a propósito de la reverencia de éste último por Rousseau: ¿no le resulta incompatible pregunta el mexicano “aquel rescoldo de romanticismo precipitado” con “su afición a los estudios de filosofía medioeval que seguía en la Sorbona”?

Pasiones de juventud” nos enfrenta a dos escenarios: el uno, dominado por la razón: el de los conflictos políticos, los cambios inevitables de la modernización del país, la pérdida de viejos privilegios, la renovación de liderazgos. Se trata de la Razón política de Maquiavelo o de Hobbes, incluso de Spencer o de toda la generación anónima de krausistas que trataron de mantener el espiritualismo en América Latina, pero en definitiva, razón. Ese es el Velasco no solo joven sino cinco veces presidente, el hombre que con su argumentación sedujo por más de medio siglo a un país. El otro escenario en cambio es casi secreto, donde la confidencia parece traicionar la intimidad, donde estamos inseguros y sin brújula por los azares del discurso amoroso. ¿Cómo conciliar estos dos escenarios sin riesgo de que el uno domine al otro, lo acalle y lo reduzca a una mera aventura sin trascendencia? El amor o el sentimiento amoroso y su discurso tienen sus caminos que la razón política no recorre. El amor confiesa el joven Werther es: “Herida o felicidad, me dan ganas a veces de abismarme”. “Comprendo que tu estado es perfectamente anormal y por ello no me disgustado en absoluto”, le escribe su primo Nicolás Dueñas Ibarra a Guayaquil donde Velasco se niega a dejar morir su ilusión de amor.

La época en que José María Velasco Ibarra llega a su juventud es una época agitada, convulsa del Ecuador. Dividido el país entre conservadores y liberales, no parece haber otra solución que el enfrentamiento entre nacionales. “¿Cuál es el sentido de la vida?” se pregunto el joven Velasco muchas veces. Esta pregunta no es casual: pertenece a las épocas de grandes cambios y de falta de certezas donde el sujeto asume así los conflictos de su época. Fue Pascal ante el avance de la ciencia clásica; fue Descartes ante la falta de certezas ante la Reforma protestante y la configuración del nuevo mapa europeo. Fue el joven Werther ante la imposibilidad de conciliar la banalidad de lo cotidiano con las exigencias románticas de una época que ya no permitía soñar.

Velasco perteneció a una familia conservadora que no temió dar testimonio público de sus convicciones, así fuese la cárcel el precio, que fue lo que le sucedió a su padre don Alejandrino, o ser víctimas de las retaliaciones de las fuerzas en el poder. El problema de este orden conservador era que sus días estaban contados, más que por el valor de sus caudillos o por las victorias de los insurgentes, por el nuevo orden de la Modernidad que cambiaba drásticamente las reglas de juego de la sociedad con el ingreso al comercio internacional, las formas libres de contratación, la libertad de las conciencias, el tímido desarrollo industrial que empezaba a destruir las jerarquías heredadas.

Al leer “Pasiones de juventud”, ¿estamos ante la confesión a medidas de un hecho amoroso que no pudo ser y que en último término debe quedar reservado al ámbito de lo personal, al secreto familiar? “Te seduce mucho el papel de redentor y salvador de la niña sola, desgraciada, huérfana. Muy bien, ¿pero a qué costa quieres serlo?; a costa de tu desgracia, de tu porvenir hecho pedazos, de tu descendencia, y de la cabal desgracia,” le insiste su primo.

El libro no dice cómo el héroe se recuperó de su enfermedad amorosa. No le convencieron ni los razonamientos de sus familiares, su madre en primer lugar, ni de sus amigos. Como el Werther de Goethe hubiese preferido la muerte. Hay que meditar las palabras de su cuñado Alberto Acosta Soberón: “A los corazones fuertes bien formados, a las inteligencias elevadas, a los creyentes de verdad, envía Dios sufrimientos grandes porque conoce muy bien que los débiles sucumben con facilidad y porque aquellos a quienes ha dotado de muy buenas facultades, le son más queridos, desea tenerlos más cerca y por lo mismos deben ser más dignos, más perfectos, más adecuados para conocer el ser perfectísimo”. Para el joven Velasco convencido de la fragilidad de las cosas de este mundo, fue un mensaje que logró transformarlo. Werther no se suicida sino madura y se vuelve “Wilhelm Meister”, el héroe que abandona la ilusión del teatro y elige el modesto oficio de artesano.

Gonzalo Ortíz, Joaquín Hernández, Paola Icaza y Alberto Acosta-Burneo

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