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Salamanca 2018: “decíamos ayer…diremos mañana”

Para conmemorar el octavo centenario de la fundación de la Universidad de Salamanca, el Grupo Santander y ésta universidad organizaron recientemente el “IV Encuentro Internacional Universia 2018” con el lema “Universidad, Sociedad y Futuro”. Más de 600 rectores y autoridades universitarias de 26 países nos dimos cita para reflexionar en las aulas de la histórica institución sobre tres temas centrales: “Formar y aprender en un mundo digital”; “Investigar en la universidad: ¿un paradigma en revisión?”; y, “Contribución al desarrollo territorial”. Como se puede ver, se trata del análisis y discusión de las tres funciones centrales de la universidad: docencia, investigación y vinculación con la sociedad. Dada la complejidad de los temas y el alto número de participantes, cada uno de aquellos fue a su vez dividido en cuatro subtemas donde un grupo de rectores planteaba el status questionis y sus diferentes experiencias universitarias mientras los demás asistentes participaban con preguntas y observaciones.

Para tener una idea, el primer gran tema central, la educación en el mundo digital fue tratado en cuatro salas distintas, todas ellas de sonoros nombres históricos como Francisco de Vitoria o Lucía Medrano de quienes comentaré más adelante: el modelo educativo como requisito previo al modelo digital; estrategias para la formación y el aprendizaje ante el impacto de la transformación digital; la educación “on line” como garantía de transparencia, y la innovación y la internacionalización como oferta académica del currículo y de los programas de estudio. Ante la riqueza e importancia de los aspectos que se trataban simultáneamente en las cuatro salas, se sentía la tentación de la ubicuidad: poder estar en varias partes a la vez, cosa que por supuesto, lamentablemente, es imposible…por el momento. Ya gracias a la educación on line se puede dictar una clase desde Buenos Aires para alumnos de derecho que están en todas partes del mundo e interactuar en tiempo real.

Las conclusiones de este IV Encuentro de rectores que se desarrolló de forma apretada en dos días desde las 07h00 de la mañana hasta las 10 u 11h00 de la noche en que concluían las actividades culturales, aparecen en la “Carta de Salamanca” que, firmada en conjunto por los rectores asistentes, ofrece criterios importantes sobre los que vale la pena reflexionar para el momento de transición que vivimos en las instituciones de educación superior en el país, ahora que  están por aprobarse por parte del Presidente de la República, las reformas presentadas por las universidades y los organismos de control.

En primer lugar, la diversidad de las instituciones universitarias. En Salamanca se dieron cita universidades de todos los modelos educativos imaginables. A nadie se le hubiera ocurrido proponer un modelo de universidad, con las mismas normas y procedimientos para instituciones públicas y privadas, grandes y pequeñas, presenciales y virtuales. Si algo es característico de nuestra época es la tarea de trabajar con la diversidad; de ahí el énfasis en la tolerancia, el diálogo y el trabajo en equipo que no son virtudes requeridas al azar o porque sea bueno de por sí tenerlas. Sin ellas, es imposible la diversidad.

Un segundo aspecto que vale la pena destacar es la conciencia común de vivir en una época de “Revolución tecnológica”. Se equivocaría quien vea o trate a la tecnología como un medio o un instrumento para conseguir determinados objetivos. Como señala la Carta de Salamanca: “El efecto de la Revolución tecnológica está ya aquí y muchas industrias están sintiendo su impacto. La Educación Superior no es la excepción y varias tendencias tecnológicas y sociales tienen el potencial de transformar el modelo educativo y operativo de las universidades.”  Ello implica, entre otras cosas, acciones como nuevas titulaciones relacionadas con las ciencias computacionales, la inteligencia artificial, modelos híbridos de capacitación y de formación en el lugar del trabajo, nuevas titulaciones. Una universidad capaz de liderar el cambio y no simplemente adaptarse a él.

Paralelamente, y éste es un tercer aspecto que hay que destacar es la importancia de la formación humanística y las competencias transversales de los estudiantes para formar una “ciudadanía crítica, ética y capaz”. Puede parecer extraño este último aspecto y quizá, para algunos hasta innecesario, citado por costumbre. No es así. Ante la magnitud de cambios que están ocurriendo a toda velocidad y que nos descolocan de nuestros roles convencionales, la respuesta no es atiborrarse de tecnología sino entender qué se hace, por qué y para qué. Así cobra sentido la famosa frase de Fray Luis de León, profesor de la Universidad de Salamanca, cuando volvió después de años de injusta prisión, “Decíamos ayer”, con la exigencia contemporánea: “Diremos mañana” que es la responsabilidad de la universidad.

Declaración de Salamanca

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