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Vargas Llosa en la UEES

El celebrado novelista, ensayista y periodista, para señalar solamente algunos de los campos donde ejerce magistralmente su actividad, Mario Vargas Llosa, Premio Nobel de Literatura estará entre nosotros, en la UEES, el próximo lunes 12 de noviembre, gracias a la Fundación Ecuador Libre y al Instituto Ecuatoriano de Economía Política (IEEP).

Vargas Llosa es una figura emblemática, como muchos de sus escritores admirados, Camus, Berlin, Ortega y Gasset, Aron o Revel, quien ha estado presente en las encrucijadas de nuestro tiempo: desde el impacto de la Revolución Cubana en América Latina en las tres últimas décadas del siglo XX, pasando la caída del Muro de Berlín que en 1989 pareció dar lugar a un nuevo orden mundial hasta el imperio de los nuevos sistemas de comunicaciones, la galaxia internet, y de nuevo el regreso de los totalitarismos.

Su larga lista de novelas han sido traducidas a todos los idiomas del mundo, como: “La ciudad y los perros” aparecida en 1963, “Cinco esquinas” publicado hace dos años, pasando por “Conversación en la Catedral” (1969) y “La fiesta del Chivo” (2000), para citar unas cuantas. Como ensayista, sus artículos lúcidos y rotundos van desde “García Márquez, historia de un deicidio” hasta el más reciente, “La llamada de la Tribu” de este año sin descuidar, “La orgía perpetua. Flaubert y Madame Bovary”, (1975) o “La civilización del espectáculo” (2010).

Finalmente, para mantenernos en la clasificación inicial de sus campos de trabajo, la inolvidable compilación de sus primeros artículos periodísticos de 1962 hasta 1990, “Contra viento y marea” hasta los agrupados en “Piedra de Toque” (2012).

Vargas Llosa a lo largo de su vida ha recibido distinciones de primer orden, por sus méritos, desde el premio Nobel de Literatura en 2010, el Príncipe de Asturias que es el equivalente al Nobel en español en 1994, el Rómulo Gallegos en 1967, y la Legión de Honor de Francia. Todo lo indicado, tanto en títulos de libros y géneros literarios, como en premios y distinciones, es apenas un pequeño resumen de la obra del escritor peruano que nos visita.

Esta semblanza sobre su obra se trata de hacernos una pregunta difícil, pero necesaria y acorde con el talante intelectual del autor de “Conversación en la catedral”. ¿A qué se debe su presencia entre nosotros? ¿Qué es lo que va a tratar en esta conferencia magistral?

Quizás la lectura del libro último de sus ensayos, “La llamada de la tribu” nos pueda ayudar a responder a estas interrogantes. El libro mencionado es una “autobiografía intelectual”. Autobiografía, porque narra acontecimientos de su propia vida; intelectual, porque en vez de contar hechos, sucesos o acontecimientos, habla de los pensadores que le han ayudado a entender el mundo, a tomar decisiones, a escoger los valores que deben primar en la vida humana, sobre todo, si esta vida humana quiere ser autoconsciente e ir más allá de la peripecia individual.

Las elecciones de pensadores suelen ocurrir en la adolescencia y en la juventud. El joven descubre un mundo nuevo, lleno de múltiples significados que pretende entender y con los que se siente apasionado. Conocimiento y pasión son dos ingredientes indispensables de la vida intelectual. Para la generación de Vargas Llosa, a mediados del siglo XX, fueron el pensamiento del filósofo francés Jean-Paul Sartre y el acontecimiento de la Revolución Cubana que pareció romper la cadena, hasta entonces existente en América Latina, de dictaduras y débiles democracias. En sus inicios la Revolución Cubana se presentó como una revolución diferente, “una revolución en libertad”. La figura de Sartre entusiasmó a las generaciones de jóvenes latinoamericanos que querían un pensamiento y un arte “comprometidos” con la realidad de sus sociedades. Sartre tenía el encanto de un estilo brillante que pasaba sin dificultad del teatro al libro de filosofía y de éste a la novela.

Tanto la imagen de Sartre como de la Revolución Cubana comenzaron a entrar en crisis a finales de los sesenta y sobre todo, durante los setenta del siglo pasado. Para estas generaciones de jóvenes talentosos que los habían escogido como sus maestros, la Revolución Cubana terminó convirtiéndose, como todas las revoluciones del mundo occidental, en un tribunal de la inquisición y en un calvario para los que se atrevían a pensar distinto. En cuanto a Sartre y pese a sus cambios ideológicos, su pensamiento no era ya capaz de inspirar nuevos destinos ni renovaciones.

Fue el momento en que Vargas Llosa y muchos coetáneos suyos, intelectuales o no (estoy pensando en Teodoro Petkoff que acaba de morir en Caracas luchando contra el chavismo y el totalitarismo que se ha instalado en Venezuela), reivindicaron los valores de la libertad, la democracia, la tolerancia, el humor. Los líderes totalitarios, sus burócratas y seguidores a sueldo, son incapaces de reírse de sí mismos, son adoradores serviles de la palabra del amo.

Aquí es donde aparecen en la autobiografía intelectual de Vargas Llosa, los pensadores de su último libro: Adam Smith, José Ortega y Gasset, Karl Popper, Raymond Aron, Isaiah Berlin, Jean-Francois Revel, Friedrich von Hayek. No les sorprenda que muchos de estos nombres les resulten extraños. Esta extrañeza es parte del problema: durante décadas hemos sido inmunizados contra el pensamiento liberal y hemos estado expuestos a autores que han atacado la democracia, la libertad, el pensamiento crítico, la tolerancia o el humor. Las democracias liberales siempre son asediadas por líderes mesiánicos, caudillos populistas, que en nombre de la igualdad suprimen las libertades. Es la tribu que opta por obedecer al amo que le promete satisfacciones para el futuro y privaciones para el presente. El pensamiento liberal no vive de fe ni de dogmas, sino de la razón, pero también del entendimiento y del diálogo entre seres humanos.

En un post anterior analicé el estudio de Vargas Llosa en este libro sobre Ortega y Gasset. En otro u otros, comentaré sobre algunos de sus maestros del giro al liberalismo: Raymond Aron o Isaiah Berlin. “La gran desgracia del siglo XX es haber sido aquel en que el ideal de libertad fue puesto al servicio de la tiranía, el ideal de igualdad al servicio de los privilegios y todas las aspiraciones, todas las fuerzas sociales reunidas originalmente bajo el vocablo de ‘izquierda’, embridadas al servicio del empobrecimiento y la servidumbre”. Esta frase de Jean-Francois Revel, que Vargas Llosa cita en su obra, es el mejor prólogo a su libro, a sus y a nuestras preocupaciones y la razón de su presencia entre nosotros.

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